lunes, 1 de febrero de 2016

Preselección Eurovisiva Española. 1962


El 6 de febrero de 1962 los espectadores de TVE fueron testigos de la preselección que realizaba TVE para el festival de Eurovisión que se celebraría el 18 de marzo, apenas mes y medio más tarde. En aquella época en la que el concurso todavía se conocía con el rimbombante nombre de "Gran Premio de la Canción de la Eurovisión" las cosas se hacían así, in extremis, y parece que a la organización tampoco le importaba mucho que las televisiones participantes informaran de sus candidatos con tan poca antelación.


Unas noventa canciones se presentaron a la convocatoria, dieciséis fueron seleccionadas y diez pasaron a la final que se retransmitió desde los estudios de Miramar aunque el jurado se repartía entre Madrid y Barcelona para hacer más equitativa la cosa (o de eso presumían ellos). El cantante Victor Balaguer fue el ganador del concurso con la canción "Llámame" compuesta por Sellés y Portolés que ya habían triunfado juntos en el Festival de la Canción de Madrid y en el caso de Mario Sellés también en el de Benidorm. Federico Gallo presentó esta final y Jesús Álvarez moderó desde Madrid las deliberaciones del jurado. Entre los concursantes nos encontramos a José Guardiola (que participaría un año más tarde), Gelu, Lita Torelló (ambas lo intentarían de nuevo en otras preselecciones), Antonio Areta, el dúo Juvents y un tal Rafael que no sé si será Raphael.


Lo más curioso de esta preselección, que tampoco pasaría a la historia por su calidad y por el buen resultado de su apuesta, fue el propio tribunal elegido por TVE. Desde Madrid votaban la directora de cine Ana Mariscal, el torero Antonio Ordóñez y la actriz y presentadora Natalia Figueroa (posteriormente conocida por ser la mujer de Raphael), entre otros. Desde Barcelona Elisenda Nadal (directora de la revista "Fotogramas"), la actriz Carmen Lombart y el periodista Ignacio de Agustí. Había unas cuantas celebridades más (algunas completamente olvidadas hoy) y también se conectaba con otros jurados de las emisoras de Radio Nacional pero hay tres figuras que destacan entre todas las demás por lo curioso de su presencia en este concurso: en primer lugar, la Duquesa de Alba, ¿qué hacía la aristócrata opinando desde el minúsculo plató del Paseo de la Habana? En realidad no era la única noble puesto que en el mismo estudio se encontraba la Condesa de Quintillá. Desde Miramar no hubo ningún votante con título de rancio abolengo. La segunda figura que sorprende en esta final es el celebérrimo futbolista del Real Madrid Alfredo di Estéfano. Y la tercera está directamente relacionada con el delantero... desde Barcelona y para hacer la competencia ¡nada menos que Ladislao Kubala! Esto fue una estratagema de los directivos de la tele en busca del morbo, ya véis que nada es nuevo. Seguro que el duelo dialéctico entre ambos jugadores fue lo más interesante de la Gala. No puedo informaros de si votaron al mismo porque el programa no se conserva.


¿Y qué pasó el 18 de marzo en Luxemburgo? Era la sexta vez que las televisiones de la red europea de intercambio de imágenes y medios organizaba este concurso musical y la segunda que concurría TVE. El año anterior, con Conchita Bautista y su "Estando contigo" (compuesta por Augusto Algueró) se había conseguido un 9º puesto de 16 países (aunque dos empataron en el 15º), un lugar digno para comenzar. Esa dignidad la perdimos enseguida, 0 puntos y último puesto si bien debería servir de consuelo que se empató con Países Bajos y Austria. 

   Así actuó Balaguer en el festival defendiendo esta rumba-rock tal y como la definían sus autores (que hay tener mucha imaginación para pensar que esta canción encaja en esa definición). Ah, atentos a la pronunciación del apellido por parte del comentarista alemán: 



domingo, 31 de enero de 2016

Adiós a Sir Terry Wogan


El irlandés que triunfó en Reino Unido, el animador de la radio matinal durante casi 40 años, el entrevistador impertinente al que todo se le perdonaba cuando sonreía con complicidad, la voz de Eurovisión durante más de tres décadas. Terry Wogan, Sir con todos los honores, ha fallecido a los 77 años tras una breve lucha contra el cáncer. Los espectadores británicos sospechaban algo cuando en diciembre no presentó, por primera vez desde su creación, la gala benéfica "Children in Need" y disculpó su ausencia a través de un mensaje grabado en el que explicaba que se estaba recuperando de una operación inesperada.

 

Su primer y gran amor fue la radio, ya desde los inicios de su carrera en los servicios informativos de la radio irlandesa y más adelante como uno de los miembros originales de la revolución de la Radio 1 de la BBC aunque adquiriría su fama y popularidad en Radio 2, también de la emisora pública. Su magazine despertador llegó a tener 8 millones de oyentes diarios y durante una breve etapa se emitió simultáneamente en televisión. 


Su llegada a la BBC no auguraba tanto éxito como el que tuvo, su primera colaboración como presentador fue con la retransmisión del concurso nacional de baile "Come Dancing" aunque ya había narrado el festival de Eurovisión tres años antes. Aquel programa no era para él a pesar de que se mantuvo hasta 1979 en su puesto. Demasiado serio, demasiado formal para su manera natural de entender la comunicación. Fue precisamente en aquel 79 cuando tuvo su verdadera oportunidad al ser elegido para un concurso de lo más estúpido, "Blankety Blank". Su relación con el panel de famosos que ayudaba (o todo lo contrario) a los participantes fue la que le "soltó" definitivamente. Su ironía casi caústica magnetizó a la audiencia. En 1983 lo abandonó (siento sustituido por un humorista mucho más famoso que él, lo que indica la fortaleza que había alcanzado el programita y la necesidad de buscar un sucesor potente) para dedicarse en cuerpo y alma a su otro gran proyecto (con permiso de la radio), el talk show que llevaba su propio apellido.


Lo que había comenzado el año anterior como un programa semanal de entrevistas a famosos de promoción se alzó como uno de los espacios más vistos y amplió su periodicidad a tres veces por semana. Todos los actores, músicos, escritores,o deportistas que tenían algo que decir se sentaron en su sofá durante los 10 años que se mantuvo en antena ininterrumpidamente, con constantes vueltas a la parrilla, algunas incluso para revisitar viejas conversaciones con sus interlocutores ante él.


En 1980 lanzó una iniciativa benéfica que se convirtió en un clásico en la BBC (uno más), "Children in Need", dedicada, como su propio nombre indica, a los niños en dificultades. Todavía sigue en antena cada Navidad y ésta fue la primera en la que, como decíamos al principio, Sir Terry no pudo acudir. Apenas un mes antes había abandonado su programa radiofónico debido a la enfermedad (aunque no se explicitó la razón real). Entonces se despidió de sus oyentes agradeciéndoles su amistad.

 

El festival de Eurovisión también es una constante en su carrera. En eterna rivalidad con Uribarri por conseguir el récord de retransmisiones, Wogan estuvo de forma intermitente desde principios de los 70 hasta 2008 cuando pasó el relevo a Graham Norton harto del juego político en las votaciones y del ninguneo a la candidatura británica en la última década. Además de narrarlo para la radio y la tele, presentó las preselecciones en más de veinte ocasiones y también el propio festival en 1998, el año de Dana International. Tan querido como odiado en esta labor, sus comentarios sardónicos y su manía de tapar la canción con sus chanzas fueron sus sellos personales en algo tan impersonal como Eurovisión. 
   Wogan siguió en activo hasta casi el final, no sólo en radio sino en televisión donde en los últimos meses se pudo ver el documental viajero-gastronómico "Terry and Mason's Great Food Trip" donde se le veía físicamente débil y torpe aunque con su voz y humor intactos. 
   El director general de la BBC, Tony Hall, ha definido hoy a este comunicador como "un verdadero tesoro nacional" y ese es el sentimiento generalizado entre sus compañeros y admiradores. 

viernes, 29 de enero de 2016

Ruy, el pequeño Cid


"Soy Ruy Díaz de Vivar, "el pequeño Cid", que tanta gloria y hazañas he acumulado al ser adulto. Por mí se han interesado poetas e historiadores de todos los países durante 900 años. Merecía que alguna vez se intentaran reflejar las inquietudes, alegrías e ilusiones de mi infancia de la que nadie se ocupó porque... yo también fui niño". Así comenzaba cada domingo a las 15.30, después del Telediario 1, la serie de animación "Ruy, el pequeño Cid", primera coproducción de TVE con BRB Internacional, la compañía que más tarde dio grandes alegrías a la Casa con "D'Artacan y los tres Mosqueperros", "David el Gnomo" o "La vuelta al mundo en 80 días de Willy Fog".  Entre octubre y diciembre de 1980 se emitieron los 26 capítulos de esta serie que en realidad era una producción compartida entre la empresa española y la Nippon Animation aunque desde aquí se presumía de que Japón tan sólo había aportado sus estudios y dibujantes pero la idea, guiones, dibujos originales y la producción era totalmente nacional. Eso sí, la dirección correspondía a A. Negoro que, desde luego, no era de Burgos.


Tras el exitazo de la serie de Cruz Delgado sobre Don Quijote, a la tele y a BRB les parecía lógico seguir rebuscando entre nuestra historia para realizar un proyecto que fuera entretenido y, al mismo tiempo, divulgativo. La figura de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, era sumamente interesante para este propósito pero planteaba una dificultad: su historia está rodeada de leyendas y siempre ha sido motivo de discusión entre historiadores. Meterse en tal berenjenal de fechas concretas, acontecimientos probados y otros tantos que siguen sin confirmar era absurdo para una serie infantil. La solución fue centrarse en la infancia del protagonista, de la que nada se había escrito, y así poder fabular a gusto pero partiendo de una base real, la de los distintos reinos de la Edad Media que más tarde formarían España. Para ello contaron  con el asesoramiento de Luis Sánchez Belda, director del Archivo Histórico Nacional y especialista en el Cid. Belda se encargó de revisar y corregir detalles del guión que podían ser dudosos y proveyó de documentación sobre las costumbres de la época y datos históricos sobre batallas y figuras del relato al equipo de guionistas. Aunque las tramas de la serie son inventadas se procuró que el contexto fuera real... y por lo tanto que esas historias pudieran haber sucedido o, al menos, ser creíbles.
 

Decía el productor, Luis Ballester, a la revista TeleRadio: "Toda la ambientación histórica envuelve a las aventuras del pequeño Ruy. Son más o menos fantásticas, capaces de entretener a los niños y que ayudan a la vez a acercarse a la Edad Media, época que seguramente desconocen. En la serie, además de personajes reales, aparecen todos los lugares donde pudo desarrollarse la infancia del Cid: Vivar, Burgos, Molina de Aragón, Santo Domingo de la Calzada, el Monasterio de San Pedro de Cardeña, Santo Domingo de Silos, Covarrubias... Hemos recorrido toda la ruta del Cid para reproducir los lugares con la mayor exactitud posible". 


El primer capítulo nos presentaba a Ruy, un chaval de mediados del siglo XI que vive en Vivar con su madre Teresa y sus dos hermanos. Su padre, don Diego Laínez, es un hidalgo al servicio del Rey Fernando y, por lo tanto, le sirve en la Corte de Burgos. Ese progenitor ausente decide que ha llegado el momento de que su hijo se forme como un hombre de provecho y lo envía al Monasterio de San Pedro de Cardeña (a saber por qué consideraba que allí iba a estar mejor formado). El problema es que los monjes no son precisamente pacientes y Ruy es un crío con claros síntomas de hiperactividad y síndrome de déficit de atención. En aquella época la psicología infantil no estaba muy desarrollada así que tras un par de hostias (que no aparecen en pantalla) deciden enviarle con unos parientes (sin consultar a los padres ni nada). Afortunadamente para Ruy allí su vida cambia a mejor y conoce a su primo Alvar y la hija del conde Lozano, Jimena que más adelante sería su esposa. En los primeros episodios disfrutamos de las andanzas y travesuras de los tres muchachos pero Ruy ha de volver al Monasterio (quizás el padre ha recordado a los monjes que había pagado para algo), cosa que no le agrada demasiado así que decide correr aventuras por su cuenta.
   Con este trabajo Claudio Biern Boyd consiguió su primer gran éxito como creador y productor ejecutivo de series, después de casi una década dedicado al merchandising y distribución en España de productos extranjeros como Mazinger Z. 
   Y para terminar, una sorpresita: ¿reconocéis la voz de Ruy? Sí, es la de una mujer haciéndose pasar por un niño, algo habitual en la época (y también hoy aunque no está tan generalizado como antes) pero ¿quién? Pues bien, Ruy es Ana Ángeles García, primera contable del "Un, dos, tres".  


lunes, 25 de enero de 2016

Este señor de negro


Idea y guión de Antonio Mingote, dirección y realización de Antonio Mercero, José Luis López Vázquez de protagonista. Con este trío creativo era difícil que el resultado final no tuviera éxito y así fue... aunque quizás no el merecido ni el esperado. "Este señor de negro" fue una serie de 13 capítulos emitida desde el 8 de octubre de 1975 hasta el 28 de enero de 1976 los miércoles en prime-time. Su posición en el panel de aceptación de la audiencia siempre estuvo entre los 10 primeros puestos y su nota no bajaba del 7,6 sobre 10. Consiguió el Premio Ondas a mejor serie nacional y el TP de Oro en la misma  categoría y en la de mejor actor. Aparentemente fue un triunfo de la TVE tardofranquista y debería estar en el recuerdo de todos los espectadores de la época, en las bibliografías sobre historia de la televisión y como ejemplo de un trabajo bien hecho en las escuelas audiovisuales... pero no es así. Si le preguntas a un televidente de más de 50 años dirá que sí, que claro que la vio (no había más remedio si tenías un televisor) y hasta es posible que le vengan imágenes y alguna coletilla pero poco más. La serie no se repuso tanto como otras muy inferiores y hemos tenido que esperar a la edición en DVD de la compañía 39 Escalones para redescubrirla.


Don Sixto Zabaneta es un hombre chapado a la antigua, de rancios valores patrios y de luto desde que tiene uso de razón (primero por su padre, después por su madre y, finalmente, por su esposa). Su vestuario podría pertenecer a cualquier época, desde los años 20 hasta la actualidad pero en cualquiera sería casi anacrónico y demasiado sobrio. Tan sólo la largura del cuello de la camisa (blanca y almidonada, por supuesto) y el ligero acampanamiento del pantalón de su impoluto traje negro delata que vive (o sobrevive) en los setenta. Regenta una platería en plena Plaza Mayor, un negocio familiar con varios siglos de antigüedad que languidece en una época en la que la gente ya no tiene decencia ni moralidad para regalar lo que se debe regalar. 


Desde su viudedad vive con su hermana Carola (una genial Mari Carmen Prendes, a la derecha de la fotografía) en un piso tan anticuado como él, lleno de recuerdos de épocas pasadas y de retratos de familiares que ni siquiera conoció. Carola es soltera, vivió un gran amor antes de la guerra que se tuvo que exiliar por sus ideas políticas. Nunca quiso reconducir su vida pero no vive del recuerdo y es mucho más abierta de ideas que su hermano. Suele reírse de todo lo que le rodea y queda muy claro que es la más inteligente de todos. Su sentido común es aplastante y, posiblemente, sea quien gobierna la casa (para mayor tranquilidad de su hermano, despreocupado para "esas cosas" como cualquier buen español). 


En la tienda de la Plaza Mayor Don Sixto es auxiliado (o más bien él es quien auxilia) por una eficiente y siempre bien dispuesta jovencita encarnada por María Garralón previa rinoplastia y que unos años más tarde se convertiría en una de las protagonistas de otra gran serie de Mercero: "Verano azul". Aquí es más descarada que la Julia que veranea en Nerja y en un capítulo también coge la guitarra para entonar una canción reivindicativa. Pep Munné encarna al sobrino de Don Sixto, que acaba de abandonar derecho (para disgusto de sus padres) y se dedica, entre otras cosas, a pinchar discos en una Boite. Su novia es negra y provocará un cisma familiar que tendrá que resolver nuestro alucinado protagonista. 


Don Sixto es viudo pero no de piedra y cada vez que ve a la oronda Loreto (Florinda Chico) le dedica un sonoro piropo, siempre el mismo pero con algún puntual aderezo: "¡Monumentoooo!". Loreto es una mujer casada y, por lo tanto, su romance es platónico y muy respetuoso pero cada día pasa por la platería para recibir esos halagos. Como mujer coqueta no acepta que Sixto (al que siempre trata de usted) deje el luto momentáneamente y que flirtee con otras. 


En el piso de los Zabaneta vive otro miembro de esta respetable familia, el abuelo. En realidad el Don Sixto de principios del siglo XX murió ya hace muchos años pero sigue siendo una referencia y cada día, de forma onírica suponemos, tiene una charla con su nieto en el despacho. Siempre tiene a mano la anécdota de un pariente, adecuada para servir de parábola a alguno de los disgustos que asolan al pobre Sixto, bastón en el que se apoyan todos y que debe servir de consejero improvisado. Y he aquí cuando se producen algunos de los momentos más hilarantes (y surrealistas) de la serie.


Cada semana descubrimos una parte del pasado de los Zabaneta y un sempiterno Sixto, siempre con la cara de López Vázquez, va sufriendo diversos envites que nos demuestran que, en realidad, las cosas no han cambiado tanto desde los tiempos del descubrimiento de América. En estos fragmentos (que son auténticos cortos casi independientes por su estética mingotiana y una sobreactuación buscada) el Sixto de distintas épocas tiene que enfrentarse a mujeres mucho más listas que él, pobre diablo sin voluntad y con ínfulas de conquistador. Actrices de belleza y fama como Concha Velasco, Fiorella Faltoyano (en la foto), Carmen Maura, María José Santiago, María Kosty, Charo López, Charo Soriano o la mismísima Rocío Jurado interpretan a estas féminas de carácter. 
   A lo largo de la serie comprobamos que, en realidad, Sixto es un producto de su tiempo pero que no es tan arcaico como parece y que, al contrario  que sus amigos, está abierto a nuevas sensibilidades. Mingote y Mercero aprovechan esta serie eminentemente cómica para introducir temas dramáticos como el racismo, los embarazos no deseados, las apariencias, el clasismo... López Vázquez realiza un auténtico tour de force para interpretar un personaje con tantísimos matices como éste. Cuando es el Sixto de los setenta se acerca más a la sutileza de su trabajo en "Mi querida señorita" pero cuando encarna al Sixto de otros siglos es pura pantomima y nos recuerda mucho a su descacharrante rol junto a la enorme Maggie Smith (sí, sí, la de "Downton Abbey") en la película de George Cukor (sí, sí, el director de actrices preferido por Hollywood) en "Viajes con mi tía" (1972). 
   Mercero decía entonces a la revista TeleRadio preguntado por las virtudes de su serie: "Hago hincapié en dos fundamentales: la primera, el tono medio de gran calidad alcanzado en todos los guinones y la segunda, que recae en el protagonista, que ha hecho con cariño un excelente trabajo, a base de aportar ideas y personalidad a los personajes incorporados, todos ellos muy dispares, lo cual otorga gran brillantez al trabajo en general". 
   "Este señor de negro" fue una serie crítica con nosotros mismos, se reía de manera casi desgarrada de esos arquetipos del patriotismo más rancio. La valentía de los directivos de TVE de emitirla con Franco moribundo no ha sido suficientemente valorada y quizás por eso quedó en el recuerdo pero con sordina, como un producto muy efímero y sólo comprensible en una época determinada. Sin embargo, una revisión de esta serie nos permite comprobar que, a pesar de cierta lentitud en el ritmo, sigue siendo muy divertida y que algunos de sus guiones están vigentes (desgraciadamente).

Así comenzaba este proyecto comandado por Mercero-Mingote-López Vázquez. Muy recomendable su visión en la calidad que nos permite el DVD ahora que tenemos esa posibilidad:






domingo, 17 de enero de 2016

Señor Wences, el ventrílocuo que actuó con Elvis


Elvis es Elvis, es evidente, su impronta en la cultura popular sigue vigente y cuando actuó por primera vez en el show de Ed Sullivan en la CBS, el programa favorito de las familias cada domingo, batió todos los récords de audiencia habidos hasta el momento. La segunda vez que apareció, el 28 de octubre de 1956, tuvo un duro competidor entre los invitados al programa. No era un cantante, ni siquiera era norteamericano sino un ventrílocuo español. Su nombre era Wenceslao Moreno, el Señor Wences aunque allí lo escribían Senor y lo pronunciaban "Senior", así fue conocido en EE.UU desde finales de los 40 hasta los 90 y su importancia en el mundo del espectáculo fue reconocida con varios homenajes e incluso una calle en Nueva York.


Aunque su primera apareción televisiva se produjera en 1948 en el popular programa de Milton Berle de la NBC fue en "The Ed Sullivan Show", de la cadena rival, donde consiguió fama de costa a costa. Por entonces ya estaba muy asentado en Broadway donde sus números de ventriloquía eran muy admirados por su maestría y novedad. No era el típico señor que conversaba con un muñeco irreverente y hasta maleducado al estilo de Ed Bergen (el padre de Candice Bergen, "Murphy Brown") y su impertinente Charlie McArthy. Podríamos decir que Wences ni siquiera hacía chistes, su número era más visual, con apenas leves intercambios de palabras con sus personajes y, en muchos casos, con las mismas frases, las coletillas "Shhh' awright" en el caso de Pedro y "Easy for you, for me is very difficult", ambas con marcadísimo acento español. Sus diálogos eran surrealistas y eso unido a la dificultad para entender lo que decía lo convertía todo en más absurdo aún. No eran sus únicas "marionetas" pero sí las más populares y he entrecomillado lo de marionetas porque en realidad, si somos estrictos, no podrían definirse así. Pedro era una cabeza en una caja y Johnny su propia mano a la que le pintaba ojos y boca (sí, él fue quien lo inventó) y le añadía ropita y peluca. Todo esto lo hacía en directo, ante los alucinados ojos de la audiencia que, parece, nunca se cansó de esta liturgia.


Era bien conocida la afición de Sullivan por la ventriloquía y los títeres y eran muy habituales estos números entre los singles de éxito de la semana en su programa. Fue en este programa donde Jim Henson consiguió el espaldarazo definitivo y donde Topo Gigio se hizo famoso mundialmente pero ningún artista acudió tantas veces como el Señor Wences. En el libro "A Really Big Show" de John Leonard se cifran en 23 sus apariciones pero en un artículo del New York Times las elevan a 48 (y este dato es el que se da por bueno en la Wikipedia y otras webs). En ese mismo libro el autor asegura que para el espectador fiel del show, este salmantino está mucho más relacionado con la historia del programa que los mismísimos Beatles y Elvis porque, aunque estos marcaron época, Wences fue una presencia tan habitual como familiar durante los 22 años que duró el programa.  Pero no sólo apareció en el variety de Sullivan, Wences fue un fijo de los programas espectáculo de todas las grandes cadenas y en los 70 fue reconocido como una referencia por el gran Jim Henson en The Muppet Show donde también fue invitado de honor. Resulta increíble que un hombre con este acento indisimulado (y posiblemente provocado) se convirtiera en un clásico del show business norteamericano.
   Y ahora pensad un momento en su apellido: Moreno, ¿recordáis algún otro ventrílocuo con ese apellido? Pues eso... su sobrino. 




jueves, 14 de enero de 2016

Esto es Joyibú, Salas y Summers presentan temporada



Imágenes de Prado del Rey, Torrespaña, Sant Cugat y los Centros Territoriales... de los controles de realización y de los platós... de la última tecnología llegada a la Casa a ritmo de rock duro. Ana Obregón con mirada sensual (o algo así) diciendo: "Mírame" y tras ella, Teresa Viejo y Laura Valenzuela. La dulce voz de Andrea Bronston cantando esa famosa cancioncilla pero adaptada a la tele y de nuevo rostros de la Pública pidiéndonos lo mismo que el tema musical, que les miremos: Concha Galán, Karlos Arguiñano, Bermúdez, Paco Montesdeoca, Joaquín Kremel... y aparece esplendorosa Marlène Mourreau para continuar con la petición a los espectadores entonando el "Mírame". Matías Prats asegura que tenemos dos ojos para ver las cosas en relieve, por ejemplo, a la francesa copresentadora de "El semáforo".


El llorado Ignacio Salas otea el horizonte, ¡primera pista para saber a qué responde este batiburrillo de imágenes promocionales y estrellas de la Primera y la 2 insistiendo en que les miremos! Guillermo Summers enseguida acompaña a su cómplice de programas como "Y sin embargo te quiero" y entendemos que éste es uno de sus inventos. Por fin se nos explica que nos van a presentar la programación de otoño de TVE de 1996 y proclaman triunfales "¡Esto es Joyibú!".


Y como si todavía estuvieran anunciando la programación pero 20 años después y sin Pastora Vega, Salas y Summers, que habían regresado como pareja en "Objetivo indiscreto", nos desgranan cómo será la parrilla usando esos montajes acelerados a los que nos tenían acostumbrados desde "Segundos fuera" y "Si te he visto, no me acuerdo". Nada de una espectacular Gala, nada de cantantes presentando su último single para endulzar el prolongado anuncio, éste es un espacio promocional sin disimulo pero con mucho ingenio. Como guionistas transgesores de valía demostrada colaron frasecitas relacionadas con los ojos y la mirada como "Y habrá quien piense que D'Artacán es un hijo de perra" en boca del doctor Claudio Mariscal (entonces presentando "A su salud") respondido por una escena de "Los Tres Mosqueperros" en la que el pobre protagonista pregunta: "¿Es verdad, mamá?", "Sí, hijo", responde ella. 


Salas y Summers volvieron a usar la fórmula de acompañarse de una bella copresentadora para "potenciar su imagen, en comparación con la nuestra". La curvilínea Marlène recitó con aplomo, y marcando aún más su acento francés de lo normal, su parte en los diálogos escritos por los irreverentes locutores. Por cierto, ellos aparecían hasta en la pausa publicitaria porque en aquel momento estaban en plena campaña de una conocida marca automovilística.


Cruz y Raya ponían el humor (más si cabe) en este especial sobre la temporada 96-97 que sería, además, la del 40 aniversario de TVE. En la temporada anterior la audiencia media de la Primera había sido del 27,7% de share y la de la 2 de un 8,3 y la Directora del Ente, Mónica Ridruejo, se planteaba en una embarullada Comisión de Control Parlamentario que iban a perder audiencia, publicidad y por lo tanto, que aumentaría el gasto. Eso es confianza en el producto que una dirige, oiga. A pesar de la anunciada debacle, la Casa seguiría líder con programas como "¿Qué apostamos?" y series tan populares como "Hostal Royal Manzanares". Salas y Summers fueron el mejor modo de dar comienzo a la nueva etapa.

miércoles, 13 de enero de 2016

Adiós a Ignacio Salas

 

Su presencia fue constante en la tele de los ochenta, aquella que no tenía miedo a reinventarse, esa que se atrevía a  darle la vuelta a los géneros más clásicos y convertirlos en productos de autor. Ignacio Salas, periodista, director y presentador de decenas de formatos desde los 70 hasta finales de los 90, ha fallecido hoy a los 70 años a consecuencia de un cáncer. Hacía años que vivía apartado del boato televisivo (y de lo que no es boato también, no olvidemos que él era un profesional fijo de TVE y que ahí le tocó hacer de todo), por eso cuando hace un año Miguel Herrero le pidió (encarecidamente) que escribiera el prólogo de su libro "Los 80 responden otra vez" se mostrara bastante reacio. "Estoy muy poco cualificado como analista de la época pero, desde esta particular atalaya, sospecho que la clave del éxito de los 80 fue la libertad. Una libertad que se venía gestando desde que a la tele se le subieron los colores y se empezó a enterrar a la España en blanco y negro, y que llegó acompañada de ilusión, ganas, entrega, espíritu de equipo y complicidad" dice en ese libro y es aplicable a todos los trabajos de los que fue responsable en esa época dorada de TVE.

En realidad el camino de Salas se había iniciado mucho antes, en los setenta, como redactor de informativos. Comenzar carrera televisiva en plena Transición marcó su forma de hacer. Se había jubilado a los locutores de los Telediarios y gente como Lalo Azcona, Eduardo Sotillos o Joaquín Arozamena llenaban la pantalla de explicaciones, gestos y afán divulgativo. Curiosamente a Salas le tocó durante un tiempo trabajar para "Última hora", el informativo de medianoche dirigido y presentado por el único superviviente de los noticiarios institucionales de la década anterior, Pedro Macía. Su voz, fácilmente reconocible, esa forma de locutar casi sin pausa, comenzaron a escucharse en los reportajes y, ocasionalmente, reconocíamos su figura en las encuestas a la gente de la calle, muy populares en esa etapa, por fin se daba voz a los ciudadanos. 
   Un poco más tarde, en 1980, Ignacio ya había ascendido a subdirector de "Tribuna de la Historia", presentado por José Antonio Silva (a la izquierda de la foto) e incluso durante una breve temporada, a director. Con motivo del programa nº 100 escribía en TeleRadio: "Se han logrado romper ciertos prejuicios académicos hacia la "caja tonta", transformar el recelo -de los que han participado- en generosa y entusiasta colaboración, limar asperezas nacidas de distintas interpretaciones o posturas profesionales encontradas, dar a conocer la presencia y el verbo de las más destacadas figuras del conocimiento histórico, demostrar que con altura científica pueden, y deben, ser tratados los más controvertidos temas desde las posturas más antagónicas... en definitiva, lograr que un programa experimental alcance su mayoria de edad". Sí, son palabras del cachondo presentador que conocimos poco después. Ignacio Salas Lamamié de Clayrac (así firmaba entonces) era capaz de disociar su trabajo como director de una tertulia seria de su labor posterior como showman.

Tan sólo tres años después llegó su particular salto a la fama acompañado de otro guionista de la Casa, Guillermo Summers. Ambos se pusieron al frente del nuevo programa de avance de la programación de TVE. Partiendo de la base de "625 líneas", que había triunfado en los 70 clamorosamente, y olvidándose de sus inmediatos (y sosos) predecesores, decidieron aprovechar la oportunidad para ejercer la autocrítica más bestia. Anunciaban la parrilla de la siguiente semana, sí, pero además se reían de ella... y también de ellos mismos. "Y sin embargo te quiero" debería haber sido un programilla de relleno y se convirtió en la sorpresa de la temporada 1983-84. Confesaba Salas en el prólogo ya citado: "Queríamos ser dignos herederos de "625 líneas" pero salpicándolo de guiños al espectador, complicidades, participación colectiva y autocrítica gamberra". A buena fe que lo consiguieron y, de paso, se convirtieron sin quererlo en las nuevas estrellas de la tele. Tanto éxito tuvieron que realizaron el programa de Año Nuevo del 85 al 86, "Si te he visto, no me acuerdo", una locura maravillosa que casi mata a Salas por exceso de horas en la sala de edición. Al finalizar esta etapa, TVE no quiso dejar escapar a estos nuevos e inesperados iconos de la transgresión ochentera y continuaron formando dúo en "Segundos fuera" (en la foto) al año siguiente aprovechando las posibilidades infinitas del montaje y en "Juegos sin fronteras" en el 88.

Aquel mismo año acompañaron a José Luis Coll en "La hora del TPT", un ambicioso proyecto de microconcursos diarios que se solucionaban en una larga edición dominical y en la que Salas y Summers colaboraban como humoristas. Nunca se sintieron cómodos con aquella definición. Varias salas de fiestas quisieron contratarlos para que hicieran su numerito, al estilo Martes y Trece en Cleofás, pero ellos se negaron, de la misma manera que rechazaban el apelativo de los nuevos Tip y Coll que empezó a repetirse en la prensa de la época. Se consideraban guionistas profesionales a los que les tocaba dar la cara puntualmente. Por cierto, lo del TPT fue un fracaso que separó a la pareja provisionalmente o, más bien, los separaron (ya sabemos cómo son los directivos televisivos) aunque siguieron apareciendo como pareja en varias campañas publicitarias.


Para Ignacio llegó una nueva oportunidad ante las cámaras en 1989, "Juego de niños", sucediendo a Amparo Soler Leal y Tina Sáinz: "Por vez primera era el "prota" de un programa de la tele y eso multiplicó peligrosamente mi popularidad. Yo no había nacido para popularidad televisiva y la fama era un traje que me venía demasiado grande. Decidí no estar más de un curso de profe en ese cole y después de los exámenes sugerí el nombre de Sardá para que me sustituyese" confesaba en el texto introductorio de "Los 80 responden otra vez". Comenzó entonces un largo caminar por destinos absurdos para el genial guionista. Posiblemente el más injusto fue en "Cartelera TVE" donde realizaba un resumen semanal de vertiginoso montaje de la semana anterior en las dos cadenas del Ente. Totalmente insuficiente para un hombre con tanta creatividad. 


Los noventa volvieron a unirle a su gran amigo y cómplice de mil batallas Guillermo Summers. Se pusieron una vez más en la piel de anunciadores de la programación en el especial "Esto es Joyibú" y en 1993 regresaron triunfales a la 1 con "Objetivo Indiscreto". Audiencias millonarias que fueron premiadas en la siguiente temporada... con el paso a la 2 los lunes. En 1996 Salas tuvo que comerse un marrón importante al dirigir "Mañanas de Primera", un engendro matinal con Laura Valenzuela, su hija Lara Dibildos, Tate Montoya y Teresa Viejo intentando competir contra María Teresa Campos, recién emigrada a Telecinco. Apenas duró unos meses en el cargo... cosa que debió agradecer a los hados televisivos. En 2000 esos mismos hados le reunieron una vez más con Summers en "Al habla", un concurso sobre el lenguaje en el que también ejercía de guionista. Más interesante le resultaría su nombramiento como Presidente de la casi recién nacida Academia de la Televisión, cargo que ocupó con la mayor dignidad posible (y no era fácil) hasta 2006, año en el que volvimos a verlo (más bien distinguirlo) con su inseperable Guillermo en la Gala de los 50 años de TVE. 
   Discretamente se alejó de los espectadores y ahora nos enteramos de su fallecimiento. La noticia nos ha traído a los que superamos la treintena muchas imágenes a la memoria, y todas buenas. De una época en la que un guionista podía ponerse delante de la pantalla para hablarnos de la tele desde la autoparodia. Si te he visto, Ignacio, lo recuerdo perfectamente. Gracias por enseñarnos a ver la tele de una manera distinta. 


Fotos: revistas Tele Radio, TP y TeleIndiscreta