viernes, 18 de agosto de 2017

"Gnomos, Naranjitos y Mosqueperros", la historia de BRB Internacional


Con sólo cuatro series realizadas a lo largo de los ochenta se convirtió en la productora de referencia en la animación española. Hoy nombrar a Ruy, D’Artacán, Willy Fog o David el Gnomo significa rememorar una edad dorada para los espectadores infantiles de una TVE en estado de gracia. Quizás muchos recuerden que antes de las cabeceras de aquellas míticas producciones aparecía una bola del mundo surcada por unas ráfagas y después un logotipo, el de BRB Internacional. 37 años después de que viéramos ese nombre por primera vez en la pantalla se presenta un libro para explicarnos los comienzos de una pequeña empresa dedicada indirectamente a la animación y cómo consiguió alcanzar prestigio en toda Europa, "Gnomos, Naranjitos y Mosquerros. La vuelta al mundo en dibujos animados". Su autor, Juan José Zanoletty, es un experto en la materia, no sólo como estudioso sino también como profesional, responsable de Moviola Films ha dirigido cortos como “El Norte” (2014). Él reivindica en este volumen editado por Diábolo que BRB es mucho más que esos títulos tan conocidos y, tal como nos cuenta, todo comenzó de una forma transversal: “BRB Internacional surge en 1972, no como productora de animación, sino como agencia de merchandising, representando productoras europeas y norteamericanas, licencias de estudios como Hanna-Barbera o Warner Bros. Tres años después se convierten en distribuidores de series de dibujos animados y traen a España títulos como «Banner y Flappy», «El bosque de Talac» o «Tom Sawyer», producciones todas ellas de Nippon Animation. Y es en 1980 cuando la empresa decide convertirse en productora.”


Si tenemos en cuenta que el precedente inmediato de una serie realizada por una empresa española era el Quijote de Cruz Delgado, que tenía su propio equipo de animadores, quizás a muchos les sorprenda el método de trabajo de BRB, que no era el más habitual por entonces en nuestro país, subcontrataban a una empresa japonesa para realizar la animación:  “Aquí entramos en un debate peliagudo con detractores y gente a favor. En primer lugar tengo que contradecirte cuando aseguras que “su método de trabajo no es el más habitual”, desafortunadamente para el gran número de animadores que hay en nuestro país es un método extendido en la mal llamada “industria española” de animación, tanto ahora como entonces, e incluso extendido en otras industrias como la norteamericana, e incluso la japonesa. «Rugrats», «Star Wars: Ewoks», «El príncipe y Mendigo (de Walt Disney)», «El guardián de las palabras», «Ferngully», «Gargoyles» o «El Cid: La leyenda», por decir algunas producciones al azar que representen a varias industrias, y a épocas diferentes, han sido animadas fuera de su país. Algo habitual para estudios como Walt Disney, Filmation, Warner Bros, Hanna-Barbera, Amblin o Dreamworks entre tantos otros. La gente no se plantea dónde se animan los dibujos de Walt Disney, si lo hacen en España, China, Corea o Manila. Por ejemplo «Patoaventuras» se animaba en España, ¿este dato puede hacer que el espectador dude de que se trate de una serie de animación norteamericana producida por Walt Disney? o aún peor, ¿vamos a creer por eso que «Patoaventuras» es una serie española? ¿Sabías que capítulos de «Los Picapiedra» y «El oso Yogui» también se animaban en España (tal y como hemos comentado en este blog en varias ocasiones)? no por ellos son series españolas. Pues el mismo caso para Willy Fog o Ruy, son producciones españolas que contaban con animadores foráneos. No creo que el espectador pensara que se hacían en España, más bien el espectador pensaba que eran series japonesas, y luego se asombraban cuando descubrían que eran españolas. El método habitual más extendido, es enviar a animar tu película fuera de España, hoy día para abaratar costes, pero cuando lo hacía BRB a comienzo de los 80 era por la falta de un tejido industrial en España. Referente a si es ético o no hacerlo, considero que si se trata de una producción privada el productor puede hacer lo que le venga en gana  según sus intereses. Si es una producción con subvención el ministerio cuando dé estas ayudas podría indicar en sus bases la obligación de que el proceso de animación se haga  en España, y de esa forma crear y potenciar la industria, pero tal vez esta obligación iría en contraposición de los derechos de un productor, entramos ya en un tema legislativo que desconozco.”


El director de BRB, Claudio Biern Boyd, tenía muy claro que para sobrevivir había que asumir un modelo de negocio que ya existía en países como Estados Unidos o Reino Unido y que era, quizás, el único que podía hacer rentable la producción de dibujos animados para televisión. Eso sí, a pesar de que la animación se realizara fuera, el diseño de personajes, los guiones y la planificación se hacía aquí: “Lo que define la nacionalidad de una producción es el domicilio social de la empresa que produce la película o, irónicamente, el lugar donde  pagan los impuestos. Por tanto Willy Fog, Ruy, D’Artacan, etc. eran series producidas por una entidad domiciliada en España, y eso las convertía en producciones españolas, tal como indica el copyright de cada una de ellas. La nacionalidad del empleado –o en este caso del animador- no implica la nacionalidad del producto, de la misma forma que un cómic protagonizado por Batman, y dibujado por un español no implica que el cómic sea español. Efectivamente, salvo la animación, tanto la preproducción como la posproducción se hacían en España o con artistas y técnicos españoles. Las cuatro primeras series producidas por BRB Internacional fueron animadas por Nippon Animation. Es de suponer que el hecho de que la empresa española fuera licenciataria de la entidad japonesa debió ayudar bastante. BRB ya había distribuido series de Nippon en España, por tanto ya se conocían, y debió ser normal que los españoles pusieran su confianza en aquel estudio japonés y no en otro."


- ¿Por qué después de Willy Fogg se traslada la animación a un estudio de Taiwán?

Efectivamente, la trasladan a Wang Films Productions. Dos fueron las razones. La primera de todas por cuestiones económicas, el Yen había subido encareciendo los presupuestos y era necesario encontrar un lugar más económico. La segunda fue  que James Wang (responsable del estudio que lleva su apellido) daba la suficiente confianza, tenía una gran experiencia animando para producciones americanas, alguna de ellas fueron «El viento de los sauces» de Rankin/Bass, «Peanuts», «Star Warks: Ewoks» de Filmation, «The Pink Panther» (1993) de MGM, o «Pinky and the Brain» para Spielberg.

- BRB siempre ha cuidado mucho la selección de sus historias, generalmente se ha partido de clásicos de la literatura universal, ¿este ha sido uno de los factores clave para su éxito internacional?

Sus historias siempre beben de clásicos literarios u obras muy populares, que fueran universales. Huían de cualquier historia que pudiera ser local, tenían claro que debían conquistar mercados internacionales y no conformarse con el español. Y lograr historias capaces de conectar con espectadores de cualquier país era clave para el éxito. 

Precisamente, la exportación ha sido la otra clave para el éxito de BRB y Zanoletty nos confirma que sus series se han emitido en “Latinoamérica, Europa, Norteamérica e incluso lograron entrar en el casi inaccesible mercado japonés.”


Aunque el autor ha contado con la colaboración constante de la productora, sorprende que las declaraciones de su director, Claudio Biern Boyd, provengan de la hemeroteca. Zanoletty nos explica el método de trabajo elegido para este libro: 
“Cuando escribo tengo dos manías, la  primera es que sólo lo hago si tengo acceso a la fuente original o lo más cercano a la fuente original si a esta es imposible llegar. Y la segunda es alejarme de consultar cuatrocientos libros, luego resumirlos y a continuación  incluir al final del libro una bibliografía gigantesca demostrando mi erudición o todo lo que he tenido que estudiar para escribir el libro. Y con esto no digo que me parezca mal que se haga, ya que es parte de la labor de investigación. Todo comenzó con un artículo que iba a escribir para La Animación Escrita (https://www.tebeosfera.com/autores/zanoletty_aguilera_juan_jose.html), me entrevisté con Claudio Biern Boyd y le hice una extensa entrevista que grabé en audio, con el paso del tiempo el artículo se convirtió en dossier, el dossier en dos especiales y finalmente me di cuenta que tenía mejor cabida en formato libro. Luego durante varios meses fui enviando a BRB, mediante correo electrónico, cada una de las dudas que me iba surgiendo, y ellos a su vez me fueron respondiendo. También me enviaron algunas imágenes no publicadas  como los bocetos de los diseños de personajes de Willy Fog. Por tanto el contacto con la productora fue continuo durante meses. El incluir declaraciones procedentes de hemeroteca era porque me interesaba lo que Claudio y otros protagonistas dijeron en aquella época, y no lo que pudieran decir hoy día, que con la perspectiva del tiempo la visión es diferente. Si antes he comentado que intento alejarme de consultar otros libros, no hago lo mismo con la hemeroteca, las entrevistas si me interesa consultarlas, es decir, me quedo con lo que digan los propios protagonistas, creo que es preferible a lo que digan terceros, y por su puesto sin denostar a estos últimos.
   Ten en cuenta que el libro no trata sobre la historia de la productora BRB Internacional, no hablo de sus orígenes, ni de sus creadores, etc. El libro se centra en un estudio de las series en los que de una manera u otra ha intervenido BRB. Por ejemplo en un capítulo se analiza la serie «Mimu Iro Iro Yme No Tabi» (MIM, la serie divulgativa incluida en el concurso “Los sabios” en 1984) que no fue ni producida ni creada por BRB, pero que indirectamente estuvo relacionado con ella.”


De “Ruy, el pequeño Cid” (1980) a “Zipi y Zape” (2002) “Gnomos, Naranjitos y Mosqueperros” repasa concienzudamente la producción de BRB durante sus años decisivos. Este recorrido por producciones tan populares como “David el Gnomo”, “La vuelta al mundo de Willy Fog” (ambas con secuelas), “D’Artacán y los Mosqueperros”, “Fútbol en acción” (o sea, Naranjito) y “Sandokán” muestra la determinación de Biern Boyd y su equipo por dirigir series desde nuestro país pero pensando en todo el mundo. A día de hoy siguen produciendo aunque los adultos no nos enteremos pero esa es otra historia. 

martes, 15 de agosto de 2017

¿Qué ponen hoy? 15 de agosto de 1979


Es 15 de agosto de 1979, miércoles. Muchos terminan hoy sus vacaciones y otros las comienzan pero tanto unos como otros posiblemente disfruten de alguna fiesta en su pueblo o en el más cercano a su ciudad. Es la jornada con más celebraciones populares de todo el año así que hay donde elegir, eso nos hace suponer que en la tele encontraremos una programación especial, quizás alguna retransmisión o una gala festiva y refrescante pero... no. En aquel día de verano del final de una década convulsa TVE no hace grandes alardes en su parrilla. Se madruga un poco antes, eso sí, en una época en la que la programación matinal ni se contempla, el miércoles parece un domingo y a las 12 ya tenemos en antena la Santa Misa seguida de la retransmisión de un campeonato de atletismo. Se da descanso, eso sí, a los programas en directo y en vez de "Gente hoy" presentado por Mari Cruz Soriano se anuncia un informativo especial que, seguramente, sea una repetición. 
   La tarde se mantiene con el esquema habitual, un nuevo episodio del docu-show "Vivir cada día" dirigido por José Rodríguez Puértolas, el infantil "Un globo, dos globos, tres globos" con capítulo de la serie británica "Los cinco" basado en las famosas novelas de Enid Blyton y el ciclo dedicado a la directora y actriz Ana Mariscal dentro del contenedor "Cine Español". La única diferencia es que en vez de cortarse la programación a las 16h, se emite la película "Cuidado con el cowboy", de la famosa serie de comedias británicas "Carry on...".
   La noche al menos nos depara una nueva entrega de una de las ficciones más exitosas del momento, "Hombre rico, hombre pobre" tras la emisión de un concierto de la orquesta y coros de RTVE y hemos de aclarar que esto no es extraordinario, en aquella época la música clásica se podía ver en prime-time. En la Segunda Cadena, ningún cambio, informativos, culturales, deportivos y tertulias históricas acuden a su cita habitual aunque algunos han sido grabados previamente. Vamos, que el 15 de agosto en Prado del Rey y Miramar no era precisamente un festivo a lo grande. 

viernes, 11 de agosto de 2017

Luchando en la sombra, 1961


A principios de los 60, en torno a las 18.50h, los estudios del Paseo de la Habana se convertían en escenario para la aventura. Un equipo comandado tras las cámaras por Fernando García de la Vega y por el actor Paco Morán como protagonista de las historias hacía soñar a los espectadores más pequeños de la casa con adaptaciones de clásicos como "La isla del tesoro" o "Marco Polo" o con historias propias escritas ex profeso para la tele. Era una especie de compañía de repertorio, siempre los mismos pero con distintos personajes y ambientación. La audiencia infantil lo aceptaba y sabía que cada 2 ó 3 meses cambiarían su vestuario para convertirse en un tipo distinto al que se habían acostumbrado durante varias semanas. En noviembre de 1961 comenzaba una nueva serie que recibía el nombre de "Luchando en la sombra" y que aguantaría en pantalla hasta febrero del año siguiente cuando sería relevada por "El falso mendigo" (sospecho que una adaptación de "El príncipe y el mendigo").


Esta serie estaba protagonizada (¡cómo no!) por Francisco Morán en el papel de un abogado que había triunfado en sus años mozos como atleta, Alfredo Muñiz (más tarde reconocido realizador de dramáticos) como un periodista y Joaquín Pamplona de cirujano. García de la Vega y Carlos Muñiz escribían los guiones basándose ligeramente en las novelitas de "La sombra" y "Doc Savage", mitos del pulp norteamericano de los años 30/40, que también fueron editadas en España. 

           
La principal diferencia con aquellos personajes es que estos nunca se tomaban la justicia por su mano: "Para eso está la Policía, donde no pueda llegar ella llegarán estos tres hombres. No sólo harán justicia sin intervenir en la labor de la Policía sino que también ayudarán a la gente en sus problemas" aseguraba García de la Vega al periodista Martínez Redondo en la revista TeleRadio. De paso aclaraba el por qué de los llamativos (por no decir ridículos) uniformes que lucían en sus aventuras: "La idea es servir a la justicia luchando en la sombra. Viven una vida sencilla y corriente hasta que descubren el mal en alguna parte y comprenden que pueden eliminarlo con su actuación. Entonces utilizan unos trajes especiales que tienen unas posibilidades de defensa muy peculiares y que les permiten luchar sin que se conozca su verdadera identidad". 

              
Se anunciaba "amenidad y acción pero sin violencia", escaladas, persecuciones en automóvil, peleas e intriga... y ahora tengamos en cuenta que se realizaba en directo en una parte del exiguo plató del Paseo de la Habana mientras en otro lado esperaba ¿pacientemente? el Padre Urteaga para dar la charlita a los adolescentes en su programa "Sólo para mayores de 16 años". Quizás exageraban un poco al prometer tanto con tan pocos medios pero los espectadores sabían a qué atenerse e imagino que conociendo los límites no esperaban mucho más. Eso sí, me parece un poco cruel que la serie que precedía a "Luchando en la sombra" fuera el "Robin Hood" de la ITV protagonizado por Patrick Troughton (segundo Doctor Who), rodada en formato cinematográfico y con profusión de exteriores. La comparación era odiosa, claro, pero a los profesionales de TVE eso no les arredraba y semana tras semana durante varios años se empeñaron en realizar sus propias adaptaciones (muy libres, eso sí) de grandes hazañas universales. 

domingo, 6 de agosto de 2017

"En casa de Bárbara" o las recetas de una vedette


De las empinadas escaleras de un teatro de revista a una cocina hay un camino que se puede hacer difícil para unas y sencillísimo para otras. En el caso de Bárbara Rey, ese trecho fue corto y no le supuso grandes problemas. La otrora presentadora de "Pálmares" en 1976, musa de amor entre mujeres gracias a la película "Me siento extraña" protagonizada por Rocío Dúrcal (ambos productos, por cierto, dirigidos por Enrique Martí Maqueda), dio un giro a su carrera en 2000 que sorprendió al público: presentar un espacio de recetas en la televisión autonómica valenciana. Bárbara era una más de las múltiples figuras nacionales que poblaban los platós de Canal 9 que claramente incumplía uno de los estatutos básicos de las públicas regionales, proteger y divulgar la lengua propia de la zona. Allí eso no importaba mucho, eran los tiempos de "Tómbola", "La música es la pista" con Mar Flores (emitidos también en otras autonómicas al mismo tiempo), "Panorama de actualidad" con Julián Lago... hasta Quique Sánchez Flores presentaba un programa de fútbol, todos en castellano, por supuesto. La única que hizo el "esfuerzo" de aprender el valenciano fue la exazafata del "Un, dos, tres" María Abradelo que comandaba el programa infantil "Babalà Club" (no critiquemos su pronunciación). Por eso, nuestra diva del espectáculo no desentonaba en aquella programación basada en la acumulación de rostros conocidos y productos populares.
   Bárbara no ejercía de directora ni de guionista, ella se encargaba de lo suyo, darle vidilla a un programa que podía haber sido como otro cualquiera pero no lo fue. Las recetas estaban supervisadas por una escuela valenciana de cocina y a su lado tenía a un ayudante que respondía al nombre de David y que era un pinche experimentado. El muchacho también recorría pueblos de la comunidad en busca de historias curiosas sobre productos típicos o platos regionales. A veces incluso en esa parte también se colaba de una u otra forma la estrella de la revista, ejemplo memorable es el de la señora que hacía retratos en paella (lo juro) y elaboró uno de la gran vedette, abusando quizás del pimiento amarillo para representar su lustrosa melena. Por cierto, los reportajes sí eran en valenciano, quizás para cumplir la cuota mínima. 


La pregunta que muchos se harán es ¿pero por qué una actriz y cantante (ha lanzado discos al mercado y eso la convierte en cantante pese a quien le pese) para presentar un espacio culinario? No voy a entrar aquí en los rumores sobre un pago en especie por la cancelación de una entrevista en "Tómbola" en la que, supuestamente, iba a contar lo nunca contado. De lo que no tengo confirmación, no hablo. Lo cierto es que Bárbara es hija de reposteros y de pequeña ayudaba en el negocio familiar. Más adelante la cocina se convirtió en una de sus aficiones más importantes. Lo cierto es que la Rey sabía lo que hacía y en este momento he de citar a mi sabia madre que un día exclamó sorprendida al verla en acción: "Si esta mujer sabe bridar una codorniz como lo ha hecho ella, es que tiene mucha experiencia en los fogones". Su práctica en este programa de 2000 a 2005 seguramente le ayudó a ser ganadora del reality de Telecinco "Esta cocina es un infierno" aunque no evitó que discutiera agriamente con el chef Sergi Arola.
   "En casa de Bárbara" se emitía cada día sobre las 11.30 de la mañana, justo después del programa de otra estrella del show business patrio, Salomé (ganadora de Eurovisión 69). En unos 35 minutos se cocinaba un menú completo, el único programa de la época con primer plato, segundo y postre. Mucho se ha criticado posteriormente que no tenía audiencia y se mantenía por un cacareado chantaje a altas instituciones. Lo cierto es que en 2002 tenía un 6,8 de media de share y al año siguiente había subido al 7,3 doblando casi al programa que le precedía. La media de la cadena era de un 18, sí, pero gracias sobre todo al prime time, sus mañanas se alejaban mucho de ese dato. Otro aspecto muy criticado era su look, demasiado glamouroso para un programa de cocina. Conviene recordar que el único que usaba gorro y uniforme era (y sigue siendo) Karlos Arguiñano así que no debería sorprender que Bárbara, una diva en toda regla, no apareciera de trapillo. En cuanto a sus largas uñas de manicura ella solía recordar a sus amigas espectadoras que había que sumergirlas periódicamente en un vasito con agua y lejía para mantenerlas limpias y eliminar restos de comida (sic). 
   Ajeno a los problemas internos de Canal 9, reivindico este programa por su aire kistch, las recetas fáciles de reproducir en casa y, sobre todo, por el humor de Bárbara que se sentía mucho más libre que en su anterior programa, "Esto es espectáculo", y que se atrevía a reírse de sí misma y de la profesión con una gracia que a mí, en su momento, me sorprendía.